Solo de repente nos encontramos parados, tratando de entender que así se sentía crecer, mirándonos a los ojos, hablando sobre los sueños y que esa era la vida que nos había tocado, que el tiempo ya se nos había ido. Lo abracé como nunca, y traté de completar las frases sin llorar, y le dije que yo confiaba en él, que fuera y lo lograra. En mi mente tenía sentido ir y convencerlo, pero nada de eso sucedió, así que solo me recargue en su hombro y lloré, lloré por los dos, por nuestros sueños, y porque ese día habíamos decidido que ya era hora de crecer y dejar ir.